Se festeja con el puño apretado. Porque el 1-0 de San Lorenzo en Mendoza, ante el ascendido Gimnasia y Esgrima, valió tres puntos… y mucho más. Significa un envión anímico tras la derrota en el debut, con Lanús, que tranquilamente pudo ser empate. Nos llena de energía en este comienzo del Apertura. Y certifica que a este equipo le sobra corazón y que aspira a pelear hasta el final. ¡Bien, Ciclón!
Partido cerrado en Mendoza, con escasas llegadas, trabado en el medio y que San Lorenzo –intuía– podía definirlo en una sola jugada. Hubo muy poco en el primer tiempo, en el que incluso se lució Orlando Gill en un par de intervenciones. Luchaba Cuello, incansable, allá arriba. Gulli trataba de armar juego. Y Perruzzi-Insaurralde-Tripichio metían en el mediocampo, siempre poblado.
En el complemento se iba a abrir el marcador. Y fue Diego Herazo, con su sentido de la oportunidad, quien desniveló a poco de ingresar. Pisó la cancha a los 23 minutos y, a los 26, ya hizo delirar a todo Boedo. Gran jugada de Cuello por la derecha, que engañó a su marcador, tiró un centro bajo y el colombiano, de cara al arco, la empujó con precisión.
Golpeado, Gimnasia quiso reaccionar, pero no hizo mucho. San Lorenzo controló el juego, intentó alguna contra y supo cerrarlo, con un Cuello muy generoso (como todo el equipo, sin dudas), y se llevó un triunfazo de Mendoza. El sábado se reanuda la acción: el Ciclón recibirá a Central Córdoba, desde las 17.30, en el Pedro Bidegain. ¡Vamos por más!